lunes, 11 de enero de 2016

Once Upon A Time... #YoSoyCenicienta


Había una vez, hace mucho, mucho tiempo una joven bella llamada Cenicienta... Cuántas veces habré oído estas palabras en boca de mi madre, metida en la cama, con los ojos emocionados escuchando la historia de una pobre niña llena de cenizas, atormentada por unas malvadas madrastra y hermanastras y que soñaba con ir al baile del príncipe con un precioso vestido de fiesta y unos zapatitos de cristal. 

A lo largo de la vida aprendí muchas cosas de la Cenicienta. El cuento nos enseñaba que, al final, a las personas buenas les tienen que pasar cosas buenas y que el amor siempre triunfa. Es una de mis historias favoritas, porque siempre me he sentido muy identificada con esa niña, en el sentido de que cuando eres buena persona la gente se aprovecha de ti. Aunque, a veces más pronto a veces más tarde, el tiempo y el cosmos pone a cada uno e su lugar y le da lo que realmente se merece. 

También aprendí que existen personas feas y oscuras que sólo pueden ver una calabaza y se ríen cuando les dices que tu ves un precioso carruaje. Y lo que no saben es que con ese carruaje tu llegarás a tus metas y ellos, sólo tendrán una calabaza que decorar en Halloween.

Aprendí que el camino está lleno de gente egoísta, interesada y envidiosa que sólo quiere ponerte la zancadilla y hacerte caer para truncar tus sueños pero, por contra, también existen muchas "hadas madrinas", gente buena y desinteresada que te va a ayudar y te va a dar la mano, te va a hacer un vestido o te va a prestar unos zapatos sin pedirte nada a cambio.

El cuento me enseñó también que todas podemos ser princesas, aunque ya no tengamos 20 años, pesemos 73 kilos y tengamos celulitis. Con la cara limpia, sin cenizas, con un poco de maquillaje, un vestido bonito y unos zapatos preciosos todas podemos brillar. Eso sí, hay que cuidarse los pies y hacerse una buena pedicura periódicamente. Nunca se sabe cuándo podemos perder un zapato ;-)

Me enseñó que el tiempo es más importante de lo que somos conscientes, y que en un minuto todo puede cambiar; las oportunidades pueden desaparecer a las 00.00h. si no las coges antes. Que, pese a todo y por mucha frasecita mona de "la belleza está en el interior", a la gente le siguen importando las apariencias; y que, si es para tí, volverá a tí. El destino es caprichoso pero justo al final. Como siempre digo, no desesperemos; a veces pensamos que la vida nos dice "no", cuando realmente lo que nos está diciendo es "espera".

Y por último, lo que La Cenicienta me enseñó es que para que las cosas pasen tienes que hacer que ocurran. Si algo quieres, lucha por ello. El que quiera peces, que se moje el culo. Nadie te traerá al príncipe a la puerta de casa. Si de verdad quieres ir al baile, recoge la casa, consigue un vestido y un transporte hasta palacio y... ¡haz que suceda!

Estas fotos las hicimos hace unas semanas, para recrear mi propia versión de La Cenicienta. Son parte de un proyecto llamado Once Upon A Time, de Agus Albiol, la fotógrafa que trabaja con María José y conmigo en Trends & Fashion, y están localizadas en un lugar de cuento, en Torre Simón. El día amaneció envuelto en una niebla densa que no pudo acompañar mejor a este shooting de cuento.

Para esta sesión escogí un vestido precioso y súper especial de la diseñadora Cristina Tamborero, en otomán de seda color marino y de falda asimétrica, más corta por delante que por detrás y escote en barca, con manga francesa con lazos en puños. Un sueño de vestido con un cinturón y diadema de cristales de Swarovski. Y los zapatos, estos maravillosos pumps de Jimmy Choo dignos de cualquier Cenicienta, uno de mis favoritos de la marca, el modelo "Alex" que podéis encontrar aquí. Espero que os guste y que, al igual que yo, hayáis aprendido algo del cuento de La Cenicienta.

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