viernes, 8 de julio de 2016

Cómo superar el miedo a volar


Hace un tiempo, le pregunté a una conocida que se casaba dónde iban a ir de luna de miel. “A donde se pueda llegar en coche, tren o barco; mi marido tiene pánico a volar”, me dijo.

Ya no recuerdo la primera vez que cogí un avión. Creo que fue un Madrid-Barcelona (o al revés) y yo debería tener unos 20 años. Me pilló tarde; digo tarde porque ahora me subo a un avión y veo bebés de meses. Lo recuerdo como una experiencia emocionante; ese momento en el que el avión se levantó del suelo y empezó a subir… recuerdo sentir un cosquilleo en el estómago. Iba sentada al lado de la ventanilla y me pasé todo el vuelo mirando las nubes, sintiéndome pequeña e insignificante.

Desde aquella vez he volado mucho, muchísimo. Con mi marido he podido viajar alrededor del mundo cada año un par de veces mínimo y luego por trabajo. Al principio las sensaciones eran parecidas a las que os describía. Quizás ya no tan intensas, porque bueno, como todo, cuando ya lo has probado una vez, no te impacta igual; pero vamos, bien. Sin embargo, desde hace unos años esto ha cambiado. Subirme a un avión me cuesta la vida y ese cosquilleo se ha convertido en un suplicio.


Tengo miedo a volar. Pero lo sigo haciendo, porque me pueden más las ganas de explorar el mundo; aunque tengo que confesar que lo paso mal. No llega a ser una fobia grave, como con la que iniciaba este post. Conozco a más gente que tiene este problema y, dos opciones, o como en el ejemplo que os ponía no viajan más allá de donde pueden llegar con otro transporte, o acuden a tratarse a un especialista.

En mi caso, por lo menos de momento, no he llegado a desarrollar una fobia tan crítica, y lo que hago es lo que os quiero explicar hoy, para quién se encuentre en mi situación, es decir, un miedo controlado. Porque si tenéis pánico a meteros en un avión y no lo hacéis, entonces lo que os voy a contar no os va a servir y mi consejo es trataros con un profesional. Porque yo no soy médico ni psicólogo. Lo que yo digo se basa en mi experiencia y en lo que a mí me funciona. Porque se trata de algo controlado, como os decía.


¿Y cómo empezó todo esto? Si yo era feliz subiéndome a un avión, ¿por qué ahora lo paso mal? El avión es el medio de transporte más seguro que existe. De que se cae un avión se producen miles de accidentes de coches. Pero qué pasa, pues que la imagen de un accidente de avión es mil veces más impactante e impresionante que la de un coche. Y yo no soy médico, como os decía, pero lo que sí soy es periodista, con mis cuatro años de carrera, en los que me enseñaron historia de la radio y la televisión, teorías de la comunicación, sociología, política, economía, derecho de la información… y también me enseñaron a detectar lo que es noticia y lo que no. Y esto que os voy a decir es así, triste quizás, pero es así. Son los llamados criterios de noticiabilidad. Es decir, porqué un hecho es noticiable o no lo es. Sexo; violencia; muertos, cuántos más, más noticia; catástrofes naturales, si implican a más personas, más noticia; sangre, cuánta más sangre, más noticia; excentricidades… El ejemplo que siempre te ponen es: “que un perro muerda a un hombre no es noticia; pero que un hombre muerda a un perro, sí lo es”. 

Supongo que me entendéis. Sólo tenéis que analizar los informativos televisivos y veréis que se cumplen uno a uno todos estos puntos. Entonces, un accidente aéreo es muy escandaloso y desgraciadamente suele dejar un número muy elevado de víctimas. Más que las de un accidente de coche. Son 5 víctimas frente a 300. Y cuando esto pasa nos encontramos con impactos visuales de casi 24 horas durante una semana, porque los informativos, los programas, los especiales, nos enseñan hasta la saciedad todo el proceso, todos los resultados. ¿Necesario? No me lo atribuyáis a mí. Yo sólo he estudiado una carrera, no quiere decir que comparta todo lo que implica a este mundo de los media. Las audiencias mandan, seguramente mucho antes que la información.

Así que, y sé que no soy la única, desde aquel 11 de septiembre no he vuelto a ser la misma. En mi mente tengo grabada esa imagen de aquel avión impactando contra la segunda torre. Y se reproduce una vez, y otra vez y otra en mi cabeza. Y luego, ya sabéis todo lo que ha venido sucediendo posteriormente en relación al mundo de los aviones. Pero yo soy de las que piensa que el miedo no te deja avanzar, y que si te tiene que pasar algo, te pasará en un avión o dentro de tu propia casa. Así que si quieres hacer algo, hazlo y lo que tenga que ser, será.


No quiero decir que estos consejos que os voy a dar ahora le funcionen a todo el mundo y, repito, en casos más graves no van a servir; tenéis que ir a un especialista. Pero para las que os pase como a mí, que sólo necesitéis alguna ayudita pequeña para sobrellevar un vuelo, quizás también os resulten. Aquí van:
  • Existen medicamentos que ayudan a relajarnos, incluso a dormir. Siempre recuerdo a M.A. de El Equipo A, cómo le engañaban para subirlo a un avión y le inyectaban un somnífero. Yo no soy amante de tomarme nada. Incluso cuando me duele la cabeza intento no recurrir al ibuprofeno o al gelocatil si no es realmente necesario. Yo esta opción la descarto, pero sé que hay gente a la que le funciona. Se toman una pastilla, se duermen y se despiertan después de 10 horas en el destino. Este tipo de medicación os la tiene que recetar el médico. No os toméis nada sin prescripción médica. Por favor.
  • A la hora de subirme a un avión intento relajarme todo lo que puedo. Me tomo una infusión; llevo ropa cómoda que no me aprete (no entiendo como algunas pueden viajar tantas horas tan puestas; las envidio; yo en un avión tengo una pinta que mejor que nadie me reconozca jajajaja); me subo al avión sin nada en el estómago. Os confieso que me cuesta relajarme, porque el proceso aeropuerto me pone fatal: colas, saca pasaporte, saca visado, factura maletas, pasa por control, quítate todo, que pitas y te cachean, busca la puerta de embarque, cola otra vez, pasaporte otra vez… cuando llego a mi asiento estoy que muerdo. Si os pasa igual, intentad relajaros.
  • Dentro del avión tengo 3 momentos críticos: el despegue, el aterrizaje y las turbulencias. Durante el despegue lo que hago es cerrar los ojos, y ponerme música a todo volumen. Porque una de las cosas que más nerviosa me ponen son los ruiditos que oigo durante el despegue. Siempre le digo a mi marido: "¿eso qué es?" "Ese ruido no lo he oído yo nunca". "Es ruido como de que algo no funciona bien"… jajajaja mi pobre marido es un santo. Así que me pongo unos cascos y música a toda castaña y ya no oigo nada. A mí me funciona y os lo cuento por si os sirve.
  • En los vuelos largos los aviones suelen tener televisiones y ver un par o tres de pelis te salva de muchas comeduras de cabeza. Yo siempre viajo con mi tablet en la que cargo algunas pelis o capítulos de mis series favoritas. Las televisiones comunes de los aviones no me gustan, y a veces, me ha pasado, las televisiones individuales de cada asiento no funcionaban. Por eso siempre llevo lo mío. Así estoy entretenida varias horas.
  • Dormir en los aviones me resulta muy complicado. No puedo; todo me molesta, no encuentro la postura… y eso que viajo con mi kit de almohada, antifaz, mantita… pero sentada no me duermo. La primera clase de la mayoría de los aviones cuenta con asientos cama. Es una opción perfecta si os lo podéis permitir. Ahora, como me duermo yo aunque sea un poco. Esto que os voy a decir, repito, a mi me funciona. Yo me tomo un par o tres de copas de vino de avión (no muy bueno). Y os aseguro que a los pocos minutos ni me entero de dónde estoy. Y a ver, que nadie me coma; no estoy diciendo que para subirse a un avión haya que darse a la bebida; pero yo ya llevo unos cuantos vuelos haciendo esto y me funciona. Me deja KO durante unas horas. Yo ahí lo dejo.
  • Para el aterrizaje suelo emplear la misma técnica de la música a todo volumen. Aunque también os digo que este momento es de los que menos me afectan.  A veces ni me entero.
  • Lo de las turbulencias aún no lo tengo controlado. No puedo con ellas. He pasado algunas en las que he pensado: “de esta no salgo”. Tan fuertes que volaban maletas, los pasajeros gritaban… Me hace gracia cuando alguien me dice: "yo miro a la azafata y si la veo con buena cara me quedo tranquilo". Pues siento deciros que las azafatas están entrenadas para poner cara de “no pasa nada” aunque el avión se esté cayendo. Yo me agarro fuerte a mi marido, respiro hondo y me repito a mi misma: “enseguida pasa, enseguida pasa, enseguida pasa…”. Y bueno, pues acaba pasando. Hasta las siguientes, que vuelvo a hacer lo mismo. Esto lo tengo que mejorar :-).
  • También sé que hay gente que se relaja haciendo sudokus, leyendo o jugando al Tetrix con el móvil. Es otra opción. Yo no suelo ser de estas porque cuando tengo que pensar ya no me relajo jajajaja, pero seguro que hay quién sí lo haga.
  • No escojáis ventanilla. Si no lo veis, no existe. Así que estando en el pasillo no veréis el cielo y las nubes y no os cogerá ansiedad. Yo me encuentro mejor si no estoy cerca de la ventana.
  • Pedidle conversación a vuestro acompañante, o a quién tengáis al lado. Mi marido y yo aprovechamos para planificar lo que vamos a hacer en el destino o, incluso, lo que tenemos que hacer al volver a casa. Así estoy otro buen rato entretenida.


Y así, con todo lo que os he explicado, más los momentos de comida, cena, desayuno o merienda del avión lo voy llevando. Y cada vez que pasa una hora me voy diciendo: “venga, una menos”. Y eso, junto a la ilusión de descubrir un nuevo e increíble lugar en el que vivir nuevas aventuras me ayudan a pasar el trago. 

Vuelvo a reiterar que son pequeños consejos para alguien que no tenga una ansiedad o fobia grave. Yo no soy médico. Si tenéis un nivel más alto de pánico, tenéis que recurrir a un experto y poneros en tratamiento. Por supuesto si queréis subiros a un avión para ir a un lugar determinado. Que igual, seguramente, alguien tenga pánico a volar y no tenga esas ganas e ilusión por conocer nuevos continentes. Le dé igual. Entonces, ningún problema por supuesto. No hay razón para forzar nada.

Espero que os ayuden mis consejos. Contadme cómo superáis vosotros esos nervios al subiros a un avión. Igual podemos ampliar la lista y ayudarnos entre todos. 
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3 comentarios:

  1. Me ha encantado! yo soy de las que dicen "yo miro a la azafata y si la veo con buena cara me quedo tranquila" hehe
    Cuando viajo sola, si hay turbulencias y tengo miedo, a mi me funciona decírselo a la persona que tengo al lado. Todo el mundo hasta ahora ha sido muy amable y me ha dado conversación hasta que han pasado (incluso a más de un@ le he cogido de la mano y todo hehe)
    Una vez estaba muerta de medio por unas turbulencias, era de noche, cruzando el atlántico. No tenía nadie al lado (el avión estaba casi vacío) y me puse muy nerviosa.
    Así que me fui directa a la azafata, que estaba tan tranquila hablando con las demás al final del avión, y le dije que tenía mucho miedo y que si sabía si el mal tiempo duraría mucho (nos lo habían advertido antes del despegue). Me dio conversación por un buen rato y... me preparó dos cócteles con alcohol para que me relajará y durmiera un poco!!! Así que hay personal aéreo que también utiliza el truco de la bebida para relajar viajeros nerviosos como yo!

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    Respuestas
    1. Rosa! Mil gracias por compartir tu experiencia, me alegra ver que no soy la única a la que le funciona tomarse un par de copitas en el avión ;-) Un besazo.

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  2. Hola Sonia. Me encantó tu post. Me sentí relacionada y si, la verdad es que es difícil volar pero es hermoso el sentimiento que se siente cuando lo logras superar.
    Te mando un beso. Espero que sigas con el blog, lo tenes muy lindo.
    Saludos.

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