Lo que aprendí de mamá, con Skeyndor

domingo, 7 de mayo de 2017

Ya os he contado en alguna ocasión que perdí a mi padre cuando yo tenía 15 años. Un día salió por la puerta y ya nunca volvió a entrar. Se le paró el corazón. Lo recuerdo perfectamente. Era un domingo frío de principios de noviembre y yo estudiaba porque tenía exámenes. El teléfono sonó a media tarde, oí a mi madre gritar y desde ahí la vida ya nunca volvió a ser igual.

Mi padre tenía 45 años (hoy pienso que mi marido es mayor que él cuando murió). Mi madre tenía sólo algunos más y una niña en plena adolescencia con la que, a partir de aquel momento, tendría que aprender a vivir. Nos quedamos solas. Sí, claro; estaban familia, amigos... pero en las cuatro paredes de nuestra casa sólo estábamos ya nosotras dos. Aprendimos a adaptarnos a la nueva situación y continuamos con la vida como supimos y pudimos. A mi me costó quizás menos. A mamá le costó más.

Desde entonces, siempre digo que mamá hizo de mamá y también de papá. Y ya os podéis imaginar que no ha sido un camino fácil. Mi madre re aprendió a hacer aquellas cosas que hacía papá, como conducir, colgar cuadros, llevar las cuentas, cambiar ruedas... y también cuidar de mí, protegerme, guiarme, solucionar mis problemas... Y lo ha hecho genial; mejor imposible.

Mi madre no ha tenido una vida fácil. Como tantas otras. Ya no sólo porque se quedó sin marido muy pronto; sino ya de más atrás, en su vida en el pueblo, dejando de estudiar muy pronto porque mis abuelos trabajaban en el campo y mi madre tuvo que cuidar de su hermano pequeño cuando éste nació; cuando se marchó a la ciudad con 15 años para trabajar... Muchas veces mi madre me explicaba que había pasado hambre.

En dos meses cumplirá 74 años y quizás, por todo lo que os cuento, mi madre tendría que ser alguien de mente cerrada, con ideas retrógradas... Y para nada. Os aseguro que muchas veces alucino con ella. Sabe de todo, más que yo. Sabe de política, de fútbol, de economía... siempre anda leyendo la prensa, libros, juntándose con gente que sabe mucho. Me ha apoyado tanto siempre, en todo lo que he hecho. Cuando he dejado trabajos fijos con buen sueldo, en los que lloraba y no me sentía bien, y lo único que me decía era: 'hija, no te preocupes, que si tengo que pagarte el Mercadona yo no tengo a nadie más y la vida ya solucionada'. Durante estos años que me dedico como freelance a escribir blogs y llevar redes sociales os aseguro que muchas personas me han mirado con algo de desprecio, en plan: '¿pero tú a qué te dedicas?', '¿tú que haces; vas a fiestas?' Mi madre sabe perfectamente a lo que me dedico y, aunque quizás al principio no acababa de entender este modelo laboral, ahora está feliz porque ya no lloro y me levanto todos los días ilusionada para trabajar. ¿Puedo ser más afortunada?

Porque no os equivoquéis no. No todas las madres son maravillosas. No. Y yo lo sé bien porque lo he visto. Que parir no te da un título de buena persona a la que hay que respetar. Que las 'malas madres', pues como las meigas: 'haberlas, haylas'. Y no queridas; las malas madres no son las del club (que dicho sea de paso no me gusta nada; ya sé que es irónico, pero nunca formaría parte de un club con ese nombre. Me parece muy feo. Ya decidirá tu hijo si mereces ese título. Mientras tanto, no te lo adjudiques). Las malas madres no son las que dejan a su hijo con la hermana o la abuela para salir a cenar con su marido, ni las que un día se agobian porque sus hijos tienen, digamos, un muy mal día. Yo os aseguro que he conocido a auténticas malas madres, malísimas, y a las que atribuiría calificativos mucho peores y mucho más feos. Os podría contar varios casos terribles. Y supongo que por eso, porque he conocido a malas madres, me siento súper afortunada y súper agradecida al Universo de tener la madre que tengo. Si tenéis madres así también, por favor, valoradlas mucho, mucho, mucho. Os aseguro que no todo el mundo tiene esa suerte.

Hace unas semanas la marca de belleza Skeyndor me propuso participar en una acción especial para el Día de la Madre en la que me preguntaban lo que aprendí de mamá. Os dejo el vídeo que grabamos para que veáis algunos de los recuerdos que tengo junto a ella y lo que significa para mí. Te quiero, mamá.

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